
Como la vida misma, la Industria del videojuego tiene sus altibajos. Hoy vamos a hablar de uno de los puntos más críticos del videojuego. De cómo un videojuego de la compañía más potente del momento casi destruye toda una industria.
Para poner algo de contexto, primero debemos hablar de uno de los clásicos del cine del Siglo XX y que fue un gran éxito en la época: E.T. el extraterrestre. Estrenada en Junio de 1982 y dirigida por Steven Spielberg con música del gran John Williams, E.T. nos cuenta la historia de Elliott, un joven que se encuentra con un extraterrestre y lo ayuda a escapar del Gobierno y volver con sus iguales. Durante este periplo, Elliott aprenderá sobre la amistad y a no juzgar a nadie por las apariencias.
Viendo el éxito de la película, Atari quiso comprar los derechos de explotación de E.T. en los videojuegos. Para ello, y tras una dura negociación con Universal Pictures (dueños de los derechos de E.T.) desembolsaron unos 25 millones de dólares. Una vez conseguidos, Atari deseaba que el videojuego estuviese listo para las Navidades de ese mismo año. Preguntaron primero a algunos de sus propios desarrolladores que, viendo el escaso margen de tiempo, se negaron en rotundo a desarrollar la adaptación del film al videojuego.

Pero uno de ellos, Howard Scott Warshaw, que ya había desarrollado para Atari Tar’s Revenge (Atari 1982) y Raiders of the lost ark (1982) que salieron en Mayo y Noviembre respectivamente, aceptó el reto y diseñó y desarrolló el juego en tan solo 5 semanas. U hito increíble, sin duda, más teniendo en cuenta que un desarrollo en la época solía durar en torno a unos 6-7 meses aproximadamente.
Seguros de su éxito, Atari lanzó una tirada de 4 millones de cartuchos, de los cuales entre las Navidades de 1982 y Enero de 1983 se vendieron 1.5 Millones de copias, quedando sin vender unos 2.5 millones. Por desgracia, tanto las ventas de hardware como de software se desplomaron. A la postre, debido a la mala calidad de título, muchos devolvieron las copias a los minoristas y, finalmente, de los 4 millones de cartuchos previstos para su venta, sólo se vendieron 500.000, devolviéndose el resto a Atari. Según Ray Kassar, Presidente de Atari Inc. de la época, las copias devueltas fueron 3.5 millones.
Y como las desgracias no vienen solas, a las pérdidas millonarias en ventas, se le sumaron la absurda cantidad pagada para la explotación de la franquicia, recordemos 25 millones de dólares de la época, y que el mercado se encontraba saturado de juegos de mala calidad y las ventas de las consolas se estancaron. Entre una cosa y otra y una serie de malas decisiones, Atari se vio sumida en una deuda de 536 millones de dólares.
Esto fue la gota que colmó el vaso y estalló la llamada «Crisis del videojuego del 83» que duró dos años, hasta 1985 con la irrupción de Nintendo con su Super Nintendo (Famicom en Japón) su Super Mario. Durante esta etapa, la industria del videojuego estuvo en caída libre.

Como curiosidad, en 1983, el Alamogordo Daily News, un diario local de la Ciudad de Alamogordo, en Nuevo Méjico, informó de que entre 10 y 20 semirremolques llenos de juegos y consolas de Atari, vaciaron su contenido en un vertedero de la Ciudad y lo enterraron bajo cemento. Esta noticia llegó a convertirse con las décadas en una leyenda urbana, según la cual, en algún lugar de Alamogordo habían enterrados miles de cartuchos de E.T. de Atari.
Fue en 2014 cuando, tras unas excavaciones en uno de los vertederos, salieron a la luz miles y miles de copias de juegos de Atari, entre ellos, el E.T. La leyenda se había tornado en realidad. Estos juegos se encontraron en distintos grados de conservación. Los que mejor conservados estaban, se vendieron en la plataforma E-Bay, vendiéndose una copia de E.T. por unos 1537 dólares.